lunes, 30 de abril de 2012

Aixa Requena: "Vine dispuesta a enfrentarme a lo que fuera, a disfrutar y conocer el país”



Nuestra querida amiga Talía publica en su web Hispatriados una interesante entrevista a nuestra también querida Aixa. Como ya os contamos Aixa es originaria de Onda, pero a sus 28 años es ya toda una veterana en Rumanía. Como ella misma dice en la entrevista "vine dispuesta a enfrentarme a lo que fuera, a disfrutar y conocer el país. Me dije pase lo que me pase yo me quedo, no sólo por mí sino por decirle a la gente que se había opuesto, mira he aguantado, no me ha pasado nada. De hecho personalmente no me pasó nada". 

Os recomendamos la entrevista, podéis leerla en Hispatriados, el primer portal interactivo en español de contenidos multimedia que ofrece informaciones útiles a la comunidad hispanohablante de Rumania y le permite compartir sus experiencias para facilitar la integración cultural.



martes, 17 de abril de 2012

Ceaucescu, ciorbas y canes


Teníamos pendiente otro encuentro con Eduardo, el profesor del Liceo Bilingüe Miguel de Cervantes de Bucarest. Este zaragozano, llegó a Bucarest, como él dice, siguiendo a una mujer, y de quien ha terminado enamorándose es de la ciudad. Su visión de historiador y su análisis de la época comunista y post-comunista nos ha puesto en contexto la sociedad actual de Rumanía y nos ha permitido entender su evolución.

“Las revoluciones solo acaban con lo que ya no existe”, sentenció mientras explicaba cómo cayó el régimen de Ceaucescu, el dictador cuya sombra todavía planea en amplios sectores de la sociedad. Paseando unas horas después por la plaza de la Universidad, donde todavía son visibles las pancartas y pasquines que los jóvenes rumanos colocaron allí durante las movilizaciones de su 15M particular, resulta inevitable pensar si no nos encontramos ante el final de otro sistema que agudiza cada vez más la brecha de la desigualdad.


Nos hubiésemos quedado con él todo el día escuchándole pasar de un tema a otro pues es realmente un conversador nato. Entre tantas palabras nos quedamos con la frase que rompe muchos estereotipos: “en diez años aquí solo me han intentado robar una vez; en el aeropuerto de Barajas”.

Nos despedimos de Eduardo porque habíamos quedado con Roxana para comer en el jardín de su casa una comida típica de Pascua preparada por su madre. De plato principal ciorbă de perişoare, una sopa de albóndigas de la que dimos buena cuenta. Pero sobre todo quedamos con ella para continuar la conversación, esta vez con más intimidad, sobre la lucha que muchos colectivos pertenecientes a minorías están llevando a cabo en una Rumanía todavía muy resistente a ciertos cambios sociales. Su pasión y convencimiento al hablar nos contagia un estado de ánimo tan eufórico que, como ella repite constantemente, “lo flipas”.


El poco tiempo que hemos podido compartir con esta gitana rompedora nos ha convencido de que hemos dejado otra amiga en Bucarest. Con ella y con tantas otras personas que hemos conocido aquí esperamos volver a encontrarnos muchas más veces.

De vuelta al hotel, en nuestro último día, unos cuantos perros se nos cruzaron por el camino casi rogándonos que les grabáramos. Todos en distintas actitudes, con diferentes ánimos. Uno de ellos no se conformó con el papel de extra y nos brindó una actuación espontánea que estamos convencidos que se transformará en la escena final de nuestro documental. Ellos también forman parte de la realidad. De Bucarest. De Rumanía.

domingo, 15 de abril de 2012

El mundo es un pañuelo


Todo el rato estamos escuchando, de unos y otros, que el mundo es un pañuelo. Comprobarlo cada vez es más fácil. Venir a Rumanía, un destino que, a priori, no parece estar en las rutas de nuestros viajes anhelados y encontrarse con gente de tu ciudad parece ya menos causal. Pero toparse de bruces con una convecina a la que no veías hace años y a la que le habías perdido la pista es, cuanto menos, sorprendente. Pues eso es lo que nos ha ocurrido en Bucarest.

Marcel Gascón es de Castellón. Vino como alumno Erasmus a Bucarest, y como tantos otros estudiantes, se quedó enamorado de esta ciudad. Escogió Rumanía porque quería conocer los rescoldos del comunismo, de un país que le resultase diferente y singular. Buscaba un lugar en el que pudiese sentirse extranjero. Al terminar su periodo académico intentó quedarse, pero no encontró trabajo, por lo que regresó a España. Una vez allí, y al saber hablar rumano, le ofrecieron venir y ahora es el responsable de la Agencia Efe en Rumanía.

La lluvia intermitente y una ciudad absolutamente desierta por la celebración de la Pascua Ortodoxa nos ha complicado un poco el trabajo, pero no ha impedido que podamos conocer su punto de vista, ya que nos interesaba mucho conocer la opinión que nos puede ofrecer un corresponsal español acostumbrado a rastrear entre los medios de comunicación sobre lo que puede ser noticia de este país.


Después de comer en uno de los pocos lugares abiertos que hemos encontrado en esta ciudad de dos millones de habitantes, nos hemos encontrado, nada más y nada menos, que con Aixa. Nosotros somos y venimos de Onda, como ella.

Otra vez más una Erasmus no pudo resistir la llamada de esta ciudad. Por eso, el año que pasó aquí, no fue el último, porque regresó para trabajar como voluntaria en un proyecto de desarrollo vecinal en una pequeña comunidad rural. Y le ha cambiado la vida. Nos llama la atención cómo tantísima gente joven que hemos conocido, desprejuiciada a pesar de que todos en España les ponían sobre aviso de los peligros y amenazas falsas que encontrarían aquí, han decidido que este sí es su lugar.


Aixa es el ejemplo perfecto de lo equivocados que están en su pueblo los que piensan que nunca van a salir de allí y por lo tanto no se esfuerzan en aprender nada nuevo. En el fondo, y como nos ha dicho, hay mucha ignorancia, mucho miedo al cambio, mucha gente que no es capaz de afrontar nuevos retos y por eso, compartimos con ella la idea de que sus vidas van a ser mucho más pobres. El mundo nos ofrece oportunidades, vivencias y experiencias maravillosas que son las únicas que te pueden hacer crecer.

También nos ha comentado que a los xenófobos, a esas personas que opinan que los inmigrantes van a España a robar el trabajo a los autóctonos, les pagaría si pudiese un billete sin retorno a Rumanía para que intentasen apañárselas viviendo en las condiciones que una familia vive aquí. Que es legítimo, absolutamente legítimo, que un padre anhele un futuro mejor para sus hijos esté en el país que esté. Pero, de paso, Aixa también le pagaría un billete a todos los que en España, sin conocer ni haber visitado este país, tienen una opinión tan negativa de la realidad que se vive aquí, para que se den cuenta de lo equivocado de sus prejuicios.

Pues sí, no es mala idea. Conocer a gente joven como Aixa, con las ideas tan claras y un mente tan abierta, resulta esperanzador.


sábado, 14 de abril de 2012

Descanso pascual


El día de hoy descansamos de entrevistas, así que decidimos salir para grabar más recursos por la calle. Un día gris, pero no llueve. Llegamos a la iglesia Sfântul Gheorghe Nou y nos sorprende de nuevo el magnífico estado de los frescos, que parecen recién pintados, algo que no es exclusivo de esta iglesia, por lo que llevamos visto. Tras grabar unos recursos dentro, nos disponemos a captar el ir y venir de los tranvías en la parada situada justo enfrente. Apenas llegamos a la marquesina comienza a diluviar. Nos da tiempo a observar cómo la gente sube y baja aparentemente despreocupada de los vagones, ajena a las miradas de dos curiosos extranjeros cargados de bolsas y cámaras. Así como los autobuses y, sobre todo, el metro de Bucarest nos parecen muy modernos, los tranvías todavía mantienen ese look vintage y destartalado que para el recién llegado puede parecer exótico pero intuimos algo incómodo para los usuarios. Sale el sol.


En Piata Universitate se reunieron los indignados el año pasado en protesta por el recorte de sueldo a los funcionarios y consiguieron con sus quejas que el Presidente destituyera al Primer Ministro, algo que, según nos cuentan, fue todo un logro, ya que hasta entonces, la sociedad rumana no era conocida por su propensión a la protesta. Nos llamó la atención ese kilómetro 0 en el que se proclamaba el carácter anti-neocom (neocomunista) del movimiento 15-M rumano.


Mientras grabamos la gran falla de hierro construida frente al Teatro Nacional comienza a diluviar de nuevo. Ni siquiera nos podemos refugiar bajo la enorme marquesina del más enorme Hotel Intercontinental. Sólo llegamos a una pequeña caseta de acceso a un garaje que nos protege durante veinte largos minutos. En vista de que el día pinta mal, nos damos media vuelta y regresamos al hotel con el ánimo algo gris, como el día, y el rabo entre las piernas, mojados, como los chuchos que constantemente se cruzan en nuestro deambular bucarestino.


La noche nos deparó una agradable velada con Roxana y dos amigos suyos, Ovidiu y Ciprian, dos antiguos alumnos con los que mantiene una excelente relación. La conversación fue casi más alimenticia que la excelente cena que nos preparó Roxana. Entre bocados de chiken tikka masala y huevos de pascua, mientras toda Rumanía celebraba su sábado de gloria, nosotros intercambiábamos inquietudes y opiniones sobre la vida en Rumanía y las nuestras propias.

viernes, 13 de abril de 2012

Vísperas Pascuales


Mientras Rumanía en pleno se prepara para un largo fin de semana de celebración de la Pascua ortodoxa, nosotros nos acercamos a conocer a Javier. Javier es un madrileño de Alcalá de Henares que trabaja en un centro de día para niños de la calle en Bucarest. Tras el derrocamiento de Ceaucescu los orfanatos rumanos fueron prácticamente desmantelados, por lo que muchísimos niños se vieron directamente en la calle. Javier empezó como voluntario en Fundatia Parada, una organización independiente que tiene por misión utilizar el arte como apoyo educativo y herramienta de reintegración para los niños de la calle. Durante el día acuden al centro para aprender juegos de circo con los que adquirir hábitos de disciplina y poder, en el futuro, conseguir un trabajo e integrarse en la sociedad, además de satisfacer a corto plazo sus necesidades más inmediatas y básicas.


Ahora, contratado por la Fundación, sigue desarrollando su labor y observa cómo los jóvenes rumanos han empezado a implicarse en labores de voluntariado. Como muy bien dice Javier es complicado ser altruista cuando tus propias necesidades elementales no están satisfechas. Afortunadamente la situación socio-económica en Rumanía ha evolucionado y cada vez es más habitual que los jóvenes rumanos se sientan concienciados y puedan dedicar una parte de su tiempo a los demás.

A mediodía nos encontramos con Iuliana, la compañera de trabajo de la que Carlos y María nos hablaron el primer día. Fue a España a estudiar y acabó quedándose allí a vivir con el que ahora es su marido. Gracias a su formación y conocimiento de idiomas trabajó en el departamento de exportación de una empresa azulejera de Vila-real. Pero, justo al comienzo de la crisis, decidieron regresar a Rumanía y labrarse un futuro que en España ya se hacía incierto.

Iuliana piensa que las cosas están difíciles también en Rumanía pero que, al menos, aquí está junto a su familia. Cree también que, en muchas ocasiones, el coste emocional que se paga al estar lejos de los seres queridos no compensa los posibles beneficios económicos que implica trabajar fuera de Rumanía.


Como comenta con acierto, los españoles no tuvieron inconvenientes en que los rumanos llegasen a España para trabajar. Ahora, cuando ha pasado el tiempo y han tenido hijos que ya están integrados, no es justo que les acusen de que están ocupando un lugar y utilizando unas prestaciones que no les pertenecen. Porque cada uno es del lugar en el que está en cada momento. Las personas no son cosas que se cambian de lugar a conveniencia del usuario. Si en un momento dado los rumanos fueron a España porque el país les necesitaba, de justicia será que ahora España satisfaga las necesidades que los rumanos, afectados por la crisis económica, puedan tener.

Y finalmente nuestro día concluyó en Lipscani, la zona del casco antiguo recientemente peatonalizada, en pleno proceso de rehabilitación, en la que se han concentrado la mayor cantidad de bares y restaurantes de Bucarest, cosa que ha transformado la zona en un punto de encuentro para la juventud. Durante la Edad Media Lipscani fue la zona comercial más importante, no solo de la propia ciudad de Bucarest sino también de toda Valaquia. En el siglo XVII se la empezó a llamar Lipsca (por Leipzig), debido a que ese era el origen de muchas de las mercancías de las que se podían adquirir allí. La palabra lipscan (singular de lipscani) pasó entonces a significar comerciante que trae sus mercancías de Europa occidental.

Allí nos encontramos con Roxana, Ioana y, de nuevo, con Talía. Roxana es profesora de inglés en el instituto que dirige Ioana. Pero antes que su profesión para Roxana está su identidad como mujer gitana. Como nos explicó, los gitanos llegaron a Rumanía en calidad de esclavos, sobre todo a manos de la iglesia, la gran terrateniente en algunos momentos de la historia del país. Ahí se encuentra, probablemente, el origen del estigma que les persigue todavía, a pesar de constituir aproximadamente el diez por ciento de la población actual. El prejuicio contra el pueblo gitano está tan presente en la sociedad que se hacía necesario conocer una historia tan singular.


Roxana ha logrado introducir la asignatura de Derechos Humanos en su instituto y combatir la discriminación hacia cualquier minoría desde la perspectiva institucional que ofrece un centro educativo.En la conversación entre Roxana y su directora quedó patente cómo, en ambos casos, la educación recibida impidió que en ellas creciera el prejuicio hacia las minorías, ya que cuenta Ioana que sus padres nunca le hablaron mal de gitanos, homosexuales, o extranjeros. Y además afirman que siempre cuestionaron las palabras de quienes lo hacían.

Pero, como nos comentó Roxana, no es tarea fácil hacerlo cuando la homofobia, el racismo y el machismo están tan incrustados en el inconsciente colectivo que todavía no está mal visto que un profesor con formación universitaria profiera en público expresiones ofensivas hacia los colectivos en situación de riesgo de exclusión social.

Todo un ejemplo a seguir. Para nosotros un modelo de compromiso. Afirma Roxana que todos tenemos, al menos, la obligación de barrer “la suciedad” que hay en nuestras aceras. Si como personas no podemos cambiar un país, no podemos cambiar la mentalidad de una nación, si que podemos, al menos hacer el esfuerzo de hacerlo en nuestro entorno más cercano, aquel sobre el que tenemos influencia. Que una mujer como ella lo haga en un contexto tan adverso como el suyo no deja de ser una lección para nosotros, acostumbrados en el nuestro a comprobar cómo la gente prefiere mirar hacia otro lado en lugar de implicarse. Y nos preguntamos dónde estaríamos de no haber habido otras Roxanas en nuestro país que si lo hicieron en su momento.


jueves, 12 de abril de 2012

Bucarest no es Rumanía


Toda la gente que hemos conocido en Rumanía coincide en el mismo punto. Todos opinan que en este país hay dos realidades claramente diferenciadas, la Rumanía urbana que representa la capital, Bucarest y algunas grandes ciudades, y una segunda realidad, la del campo, la Rumanía rural.

Sorin llegó a España en 1995 con su mujer para pasar un año. Su objetivo era regresar con el suficiente dinero con el que poder salir de una situación poco desahogada. Pero este proyecto de vida se dilató más de lo previsto. Un año se convirtió en dos, luego en tres y finalmente fueron trece.

Magda, su mujer, vino a Rumanía en cuanto pasó el primer año a recoger a su hija Diana, que había quedado aquí con sus padres. Nos comentaba cómo Diana no la reconocía y cómo sus propios padres no querían dejarla para que se fuese a España ya que no tenían las garantías de que la vida que le ofrecían aquí podría ser igual en España. Los silencios de Magda contándonos la frialdad que en aquellos días una hija le transmitía a su madre nos dejaban helados.

Pero finalmente los tres pudieron reunirse en Castellón, donde lograron integrarse. Y, aunque España para Magda represente trabajo, trabajo y trabajo, todavía piensa en la casa de Castellón como “su casa”. Magda hizo todo tipo de trabajos y Sorín, entre otros, fue traductor jurado y encargado de una fábrica en Castellón. Y todavía tuvo tiempo para implicarse con sus compatriotas a través del movimiento asociativo para ayudarles a resolver sus problemas en España y facilitarles su integración.

Diana sufrió de pequeña el cambio de país al trasladarse a España, pero consiguió sentirse como una más al poco tiempo. Ahora estudia en la Universidad de Bucarest y no descarta proseguir estudios de nuevo en España. 


Su hermano Andrés nació en Castellón y le ha tocado vivir lo mismo que su hermana pero en dirección contraria. Cuenta que tanto le hablaban de Rumanía que al principio tenía muchas ganas de venir, pero para él la experiencia del retorno no ha resultado todo lo satisfactoria que esperaba. Añora la ciudad y a sus compañeros de clase. De Rumanía detesta especialmente las clases de mates.


Gheorge Doja y Castellón no pueden ser más distintas (físicamente). Con poco más de dos mil habitantes, este pueblo situado entre Bucarest y Constanza ofrece pocas posibilidades de trabajo (casi las mismas que en Castellón hoy en día) solo que aquí, o trabajas en el campo, o trabajas en el campo. Y a esta tarea Sorin se ha tenido que dedicar por primera vez. Las respuestas a nuestras preguntas sobre su experiencia nunca son categóricas. En sus rostros se perciben las dudas respecto a las decisiones tomadas, pero también la tranquilidad de que saber que están en casa, con los suyos, en su país.




De vuelta a Bucarest tomamos la carretera general en lugar de la autovía por la que vinimos. Poco después de Urziceni notamos cómo éramos los destinatarios de infinidad de bocinazos, que iban seguidos de peligrosos adelantamientos por el arcén. Nos costó poco tiempo darnos cuenta de que la carretera por la que circulábamos se había reconvertido en una autovía por propio deseo de sus conductores, destinando ambos arcenes a una suerte de segundo carril para lentos. Un claro ejemplo del deseo de los rumanos para que sus políticos les construyan más vías rápidas. Pero mientras no haya autovías, ellos circulan por sus carreteras como si ya lo fueran.


Hace ya una semana que llegamos a Rumanía. Los testimonios se multiplican y el ritmo del trabajo va dejando su huella en nuestras fuerzas. Llegar al hotel y descargar el material de grabación se convierte en una suerte de bendición que nos deja groguis hasta el día siguiente. Mañana hay sesión triple.

miércoles, 11 de abril de 2012

Empaque institucional


Estamos muy agradecidos a las gestiones realizadas por el personal de la Embajada de España en Bucarest, gracias a las cuales hemos entrado en contacto con la comunidad española residente en el país. Sus testimonios nos van ofrecer un punto de vista diferente al que tendríamos si nos hubiésemos centrado exclusivamente en las experiencias de los inmigrantes retornados. Su visión de Rumanía y sus gentes es el complemento que buscábamos.

Hoy hemos acudido a la Embajada de España. Santiago nos ha presentado a la cónsul, Virginia, con la que hemos estado charlando e informándonos de primera mano sobre la realidad y las circunstancias de los españoles residentes en el país así como de la evolución del movimiento migratorio rumano hacia España.

Por la tarde hemos quedado con Rafa, uno de los profesores de español del Instituto Cervantes de Bucarest. Absolutamente apasionado por su trabajo y, como él dice, un caso perdido en lo que se refiere a la posibilidad de regresar a España. Rafa nos ha puesto en contacto con otros españoles cuyos testimonios nos parecen muy interesantes. Después de estar con él entendemos por qué toda la comunidad española en Bucarest, sin excepción, habla maravillas de Rafa.